JOSÉ MANUEL HERRERA VILLA- Profesional en Administración y Finanzas.

Por: José Manuel Herrera Villa*

Las condiciones geográficas, bien sabemos, tienen una incidencia directa en la posibilidad de ampliar el espacio de las capacidades de las personas. Las opciones para el ejercicio de la libertad son cualitativamente diferentes si la persona nace en una u otra parte, razón por la que importe por diversas razones, tales como distancia en el acceso a los servicios, diferencias culturales y étnicas, vulnerabilidad frente al cambio climático, nivel de violencia, etc. Es de atender que los principios que bien y mejor marcan estructuraciones, es que la verdadera riqueza de un país está en su gente, lo que en nuestro caso se agrega a la exuberancia de sus recursos naturales, por lo que no se explica que tanta riqueza que poseemos todavía no se refleje como debería y tendría que ser en lógicos contextos, en mejores condiciones de vida para todos.

Trabajarse debe entonces en procurar que los logros en desarrollo humano sean fuertes y generen tendencia positiva, avanzar siempre más allá del promedio, y poner énfasis en las distancias entre regiones para que no sean tan significativas y por ende no continúen aumentando, lo que sería lamentable a todas luces. De la misma manera, debe existir la preocupación por examinar los factores que podrían favorecer la convergencia; siendo ideal lograr que los niveles del Índice de Desarrollo Humano – IDH sean similares, respetando y potenciando las diferencias entre regiones. No se trata que todas las regiones hagan lo mismo, sino que reconozcan la heterogeneidad que existe en el país, de tal manera que el aprovechamiento de la diversidad sea el principal estímulo para el mejoramiento de las condiciones de vida de la mayoría de los habitantes.

Se trata que continuemos en el reto que como sociedad tenemos, cual es la búsqueda de las convergencias regionales para consolidar las transformaciones que necesarias sean y pongamos en lugar de preminencia la geografía. Es definitivamente acortar las distancias, a efecto que las inequidades y las desigualdades no continúen profundizándose, toda vez que lo cual hace daño, que de seguir puede tener consecuencias irreversibles.

La situación que hoy vivimos debe transformarse entrando a reconocer y potenciar las diferencias, lo mismo que creando mecanismos de compensación, de tal manera que las regiones ricas le transfieran recursos a las más pobres, al tiempo de mejorar la productividad laboral y la cualificación de la educación. En definitiva, las compensaciones se tienen que realizar de tan eficaz manera, para que a la postre conduzcan efectivamente a un mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes de las regiones ricas en activos ambientales y entender a ciencia y conciencia cierta que las grandes aglomeraciones no pueden olvidar que el agua que consumen tiene su origen en los páramos y en los bosques. En el equilibrio y la convergencia está sin duda el superior e integral progreso.

*Profesional en Administración y Finanzas. Especializado en Auditoría Integral. Proyectos de Desarrollo.

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