anny herrera villa- Ingeniera Industrial

Por: Anny Margarita Herrera Villa*

La productividad, es un concepto crucial tanto en el ámbito personal como profesional. En un mundo donde la eficiencia y la efectividad son esenciales para el éxito, entender qué es la productividad y cómo mejorarla puede marcar una gran diferencia. Se define generalmente como la relación entre la cantidad de bienes y servicios producidos y los recursos utilizados para producirlos. Es un indicador de eficiencia que mide cómo se emplean los recursos para generar output. La historia del concepto de productividad se remonta a la Revolución Industrial, cuando se empezó a prestar atención a cómo mejorar la eficiencia en la producción. Desde entonces, la productividad ha evolucionado y se ha aplicado a diversas áreas, desde la manufactura hasta el ámbito personal. No solo se refiere a hacer más en menos tiempo, sino también a hacer las cosas correctas y hacerlo bien. En términos más amplios, implica maximizar los resultados con los recursos disponibles, ya sean tiempo, dinero, o esfuerzo. Para una mejor gestión de estos aspectos, importante aprender más sobre cómo analizar datos y tomar decisiones informadas.

Muchos empresarios, entre ellos, James Clear, aconsejan centrarse en sistemas, no en objetivos, para lograr resultados a largo plazo, en la verdad que son ellos son procesos diarios, mientras que los objetivos pueden limitar el progreso. Enamorarse del proceso y mejorar constantemente conduce a resultados acumulativos más efectivos, de ahí que la sabiduría convencional nos diga que para lograr lo que queremos en la vida –ponernos en forma, un ascenso laboral, abandonar un vicio– debemos crear «objetivos específicos y alcanzables».

Nuevas corrientes proponen un enfoque diferente: olvidarnos de los objetivos para centrarnos en construir sistemas. Es una idea que puede sonar contraintuitiva. El punto de partida tiene sentido: ¿cómo vamos a llegar a ningún lado si ni siquiera sabemos hacia dónde nos dirigimos? Igualmente arguyen que los sistemas son más poderosos que los objetivos para generar resultados sostenibles a largo plazo.

Pero, ¿Qué es un sistema?, Clear lo define como «los procesos y las rutinas que seguimos en el día a día». Un ejemplo claro, si eres entrenador de fútbol: Tu objetivo puede ser ganar la liga…, …pero tu sistema sería cómo entrenas a tus jugadores y cómo preparas cada partido. Si eres músico: Tu objetivo puede ser tocar una pieza muy compleja…, …pero tu sistema sería cuánto y cómo practicas cada día.

El «teatro de la productividad» está desatado: el 37% de los jefes solo aparenta ser productivo. Las nuevas tesis indican que enfocarse de forma obsesiva en mejorar el sistema conduce a unos resultados que acaban llegando solos. Es otra forma de pensar en la productividad y en la consecución de objetivos.

El enfoque basado en objetivos tiene varios problemas según el criterio de Clear: -Los ganadores y los perdedores tienen los mismos objetivos. Todos los atletas olímpicos quieren el oro, pero no todos lo consiguen. Lo que diferencia a ganadores de perdedores no son sus objetivos, sino sus sistemas. -Lograr un objetivo es algo momentáneo. Limpiar una habitación desordenada (objetivo) manteniendo los mismos hábitos desordenados (sistema) te hará volver al punto de partida. -Los objetivos restringen nuestra felicidad. Condicionan a pensar que seremos felices cuando logremos ‘x’, la satisfacción siempre queda postergada. Enfocarnos en el sistema nos hará disfrutar del proceso y sus pequeñas victorias. -Los objetivos van contra el progreso a largo plazo. Alcanzar uno lleva a estancarse, no hay perspectiva sobre lo que viene después.

De otro lado, tenemos que el enfoque en sistemas resuelve estos problemas: ayuda a generar mejoras continuas y sostenibles en el tiempo, sin los altibajos habituales de cuando perseguimos objetivos concretos. Esto no anula la cultura de los objetivos, no los convierte en inútiles. Son buenos para planificar un progreso y darnos una dirección a corto plazo. Pero lo que genera resultados son los sistemas. Cómo aplicarlo en la práctica. El consejo de Clear es simple: enamórate del proceso, no del producto. Diseña sistemas que te permitan ir mejorando un poco cada día, sin obsesionarte con resultados concretos. El tiempo hará que las mejoras se acumulen y te lleven más lejos que perseguir un objetivo ambicioso. Es un enfoque poco habitual en la era de las distracciones permanentes y la gratificación instantánea. Construir a largo plazo y mantener sistemas efectivos de forma constante es diferencial. Si además lo hacemos en una industria que cambia tan rápido como la tecnológica, donde los objetivos concretos se quedan obsoletos en poco tiempo, ganamos en flexibilidad.

*Ingeniera Industrial. Especializada en Proyectos de Desarrollo

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